Estrés canino. Claves para saber cómo gestionarlo

Las personas nos pasamos la vida realizando cambios, moviéndonos y con un ritmo de vida frenético y si además esa vida la compartimos con un perro muy probablemente sufra las consecuencias de nuestro estrés. Aunque hay veces que teniendo una vida relativamente estable, los perros se encuentran con situaciones que les provocan estrés. Que sepan gestionarlo correctamente dependerá de nosotros. En este post te explicaré por qué se estresan, cómo podemos detectar los principales signos de estrés y las claves para ayudarles a gestionarlo.

En su día a día los perros están expuestos a situaciones continuas de estrés. Cuando hablamos de estrés nos referimos a cualquier estímulo que desencadena una respuesta automática en el perro. Este estímulo puede ser un coche, una persona, otro perro,un ruido,etc. Dependiendo de la tolerancia al estrés que tenga el perro así tomará el estímulo como positivo o como negativo. Por ejemplo, si el perro está socializado correctamente con otros perros, el saludo con uno que nunca había visto se identifica como un estrés positivo. En cambio, si el perro tienen miedo a las tormentas, identificará este ruido como negativo causándole estrés y desencadenado en él miedo o ansiedad.

El estrés hace reaccionar al perro con una respuesta de huida o lucha, como pueden ser los ladridos, gruñidos e intentos de ataque. Todo dependerá de cada perro y de cada situación en concreto.

¿Por qué se estresan los perros?

Necesidades básicas no cubiertas: para que los perros tenga bienestar se deben de cumplir las 5 libertades de los animales, establecidas por la Organización Mundial de la Salud.

Según la OMS para que los animales tengan bienestar tiene que estar:
libres de hambre, sed y desnutrición,
libres de miedos y angustias,
libres de incomodidades físicas o térmicas,
libres de dolor, lesiones o enfermedades, y
libres para expresar las pautas propias de comportamiento.

Nosotros se lo contagiamos: las personas también padecemos estrés y al llevar diariamente un ritmo frenético los perros terminan por contagiarse de determinados estados mentales nuestros.

Métodos educativos incorrectos: no nacemos sabiendo y para nosotros lo que puede ser una buena educación, para el perro no lo puede ser tanto. Estamos acostumbrados a técnicas educativas basadas en enseñar al perro a llevar a cabo determinadas conductas más que aplicar ejercicios que favorezcan sus emociones. Esto hace que el perro no se sienta del todo cómodo en determinados momentos del entrenamiento.

Pobre socialización: entre la semana 3 y la 12 semana los perros experimentan un periodo en el cual no temen a nada y se dedican a experimentar, conocer, descubrir nuevos estímulos y situaciones. Es el llamado periodo de socialización. Es un periodo crucial en la vida de un perro pues cuantos más estímulos y situaciones conozca y se familiarice con ellos menos problemas de comportamiento desarrollará de adulto.

Miedos/fobias a personas, otros perros, ruidos: cómo hemos comentado en el punto anterior, un contacto pobre con alguno o varios de estos estímulos, le hará desarrollar miedo y fobias.
Ansiedad por quedarse solo: los perros son animales sociales y necesitan del continuo contacto con nosotros. Las circunstancias de nuestras vidas no siempre serán iguales por lo que tenemos y debemos enseñar al perro a gestionar momentos de soledad, ya sea porque tenemos que salir varias horas o minutos, tienen que aprender a ser independientes.

Herencia genética: hay veces que no solo depende del ambiente que se estresen en mayor o menor medida, si no que tiene un componente hereditario. Parece ser que hay perros tienen una predisposición genética a ser tranquilos y equilibrados en sus emociones porque su sistema nervioso parasimpático, que controla los mecanismos de equilibrio en el organismo, dominan sobre el simpático, encargado de regular las respuesta del cuerpo asociadas con mecanismos de lucha o huida. Así los perros que tengan el sistema simpático dominante serán más sensibles ante el estrés y reaccionan más rápidamente activando los mecanismos de defensa.

Malas experiencias: los perros viven experiencias continuamente y dependiendo de la sensación que les provoque, la clasificarán como buena o mala, almacenándolo en forma de recuerdo. Así la próxima vez que se encuentran con esa situación , lo recordaran y pondrán en marcha mecanismo de defensa que a su parecer hacen que el estímulo desagradable desaparezca.

¿Cómo podemos detectar que nuestro perro padece de estrés?

Existen unos signos claros de que el perro está padeciendo estrés. Algunos síntomas provocan el aumento de la actividad o reactividad mientras que otros están relacionados con una disminución de la actividad o el bloqueo.

Jadeos fuertes, rápidos y tal vez profundos: en esta situación observareis que el perro sin haber realizado ningún esfuerzo aparente, parece que ha corrido medía maratón. Presenta un jadeo muy rápido y permanentemente se encuentra en estado de vigilancia.

Falta de concentración y atención: tras la exposición de un estímulo negativo, el perro se encuentra en un estado de alerta, no tiene la capacidad para reaccionar de forma consciente y según las conductas aprendidas. Si intentamos que nos haga caso parecerá como que no nos conoce.

Almohadillas sudorosas: los perros no sudan a excepción de por las almohadillas plantares. Cuando están sometidos a una situación de estrés se activan los mecanismos fisiológicos propios de defensa y uno de ellos es la sudoración.

Bostezar: los perros no bostezan porque tengan sueño, a no ser que se acaben de levantar de una buena siesta. Si se encuentran ante una situación que identifican como estresante, lo utilizan como señal para indicar que no quieren entrar en conflicto.

Hiperactividad: se considera como la señal de activación de estrés por excelencia. Se produce cuando el perro sufre estrés agudo, se encuentra en un estado de pánico o deambula de un lado para otro. Esta situación no puede mantenerse durante mucho tiempo pues el cuerpo se agota y entra en estado de estrés crónico.

Estirarse: si se despereza después de una siesta es una situación normal pues esta recuperando la movilidad, relaja los músculos. Si percibe una situación como peligrosa para él, entonces tal vez muestre estrés. Cuando los perros se encuentran entre un grupo de gente o entre otros perros, se estiran para liberar estrés, ya que este provoca tensión muscular y al estirarse se liberan de ella.

Sacudirse como si acabara de salir del agua: es otra situación en la que “intentan quitarse de encima el estrés” de la misma forma que al estirarse. Siempre se va a producir una vez pasado la situación tensa.

Dormir demasiado: algunos perros son más propensos a dormir más que otros y dentro de las distintas edades, los cachorros y perros senior, son los que más tiempo pasan durmiendo. También ha que tener en cuenta que no en todas las épocas del año se tiene la misma energía, durante los meses de más calor lo perros tiende a estar más aletargados. Además cada perro va a tener un nivel de energía , con lo que este síntoma es difícil de reconocer, y suele hacerse a posteriori, una vez se ha indicado un tratamiento. El dormir demasiado es un síntoma claro de estrés crónico. Suelen quedarse quietos, bloqueados, sin energía. Durante este estado no descansan correctamente por eso necesitan dormir más que el resto.

Conductas de desplazamiento: son conductas que no tienen sentido en un contexto determinado. Las utilizan como señal para indicarnos que se encuentran en una situación de conflicto o es un método para distraer a otros. Por ejemplo, un perro que cuando pasa otro perro por delante de la vivienda al no poder atacarlo se frustra y comienza a dar vuelta sobre sí mismo, realizando así una conducta de desplazamiento. Se suelen utilizar de forma conjunta con las señales de calma.

Señales de calma o comportamientos de evitación de conflictos sociales: son señales que muestran al otro perro que no quieren competir o entrar en conflicto con ellos, aunque no son necesariamente comportamientos de sumisión.

Algunas de la señales de calma que podemos observar son la de volver la cabeza o apartar la mirada, volverse completamente, olisquear el suelo, relamerse muy rápido los belfos, quedarse paralizado, moverse muy lento, tumbarse o sentarse, posición de incitación al juego y bostezar.

Ante estos síntomas o signos de estrés ¿cómo podemos ayudar a nuestro perro a aprender a gestionarlo? Una vez que seamos capaces de identificar alguno de estos signos de estrés en nuestro perro, es aconsejable el ponerse en contacto con un etólogo canino y/o educador canino. Ambos determinarán qué factores son los que están provocando esos niveles de estrés y por qué no lo gestiona de forma correcta y a través de un programa de modificación de conducta y entrenamiento, ayudarán al perro a gestionar correctamente el estrés sufrido.

Como tratamientos complementarios nosotros también podemos ayudarle en su día a día favoreciendo sus estados de calma, que significa darle una cantidad suficiente de tiempo libre de tantos factores estresantes como sea posible. Hay veces que por determinadas circunstancias no se pueden eliminar todos esos factores aunque sí podemos preparar al perro a que entre en un estado de calma con ayuda del contacto a través de masaje en el cuerpo. Durante unos minutos al día, podemos crear unas rutinas de distintos tipos de masajes, que prepararán al perro a afrontar determinadas situaciones. Está especialmente indicados cuando salimos a la calle a dar un paseo o vamos iniciar una actividad física o juego mental.

Otro tratamiento complementario sería la estimulación mental a través del juego. Muchos de los ejercicios pueden ser divertidos para el perro y su responsable, además de ayudar en los planes de tratamiento porque algunos problemas pueden llegar a desesperar y el vínculo entre ambos puede peligrar. En muchas ocasiones esa unión va a determinar una mejoría notable durante los tratamientos. Algunos juegos nuevos y divertidos pueden ser estimulantes, lo que puede prevenir el deterioro de la relación y puede mejorar el compromiso y la implicación.

Por último, realizar algún tipo de actividad física ya sea dar un paseo largo por el campo, por la ciudad o realizar algún deporte juntos como Agility, hará que se reduzcan notablemente los niveles de ansiedad. Debemos de tener en cuenta que si el perro no está acostumbrado a una actividad física muy activa a lo largo de su vida, tendremos que ir de forma gradual para que el perro se vaya acostumbrando. Pues si comenzamos con actividad muy intensa desde el primer día, provocaremos el efecto contrario y aumentaremos los niveles de estrés, así como correr el peligro de crearle lesiones.

 

Para que los perros aprendan a gestionar el estrés que a diario se les somete, debemos trabajar con programas de modificación de conducta y/o entrenamiento en los casos en los que los niveles de estrés superan los umbrales y hacen reaccionar al perro con los mecanismos propios de defensa, ya sean huida o lucha. Y para aquellos que no superando esos niveles y se les quiere ayudar a gestionarlo mucho mejor, se aconsejan otros tratamientos como son los masajes, estimulación mental con juego y actividad física. Estos tratamientos pueden ser complementarios para los programas de modificación de conducta de los primeros, que suelen ser perros más temerosos, ansiosos o agresivo.

Yuupet

¿Te ha sido útil esta información?

Cargando ... Cargando ...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *